<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>La educación superior y el conocimiento como factores de inclusión y cohesión social - Fase cerrada - Blog Universia</title>
	<atom:link href="http://inclusion.universiablogs.net/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://inclusion.universiablogs.net</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Tue, 17 Nov 2009 20:17:24 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0.4</generator>
		<item>
		<title>La cohesión social: continuidades y rupturas</title>
		<link>http://inclusion.universiablogs.net/2009/11/17/la-cohesion-social-continuidades-y-rupturas/</link>
		<comments>http://inclusion.universiablogs.net/2009/11/17/la-cohesion-social-continuidades-y-rupturas/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 20:17:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Albor Cantard</dc:creator>
				<category><![CDATA[Encuentro de rectores]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://inclusion.universiablogs.net/?p=3</guid>
		<description><![CDATA[Se da una suerte de erosión progresiva y acelerada de los dispositivos que aseguran el lazo social, asumiendo dimensiones críticas. Los síntomas de esta crisis son claros: el confinamiento en lo privado, la anomia, la exclusión, el desempleo masivo, la desafiliación y la declinación de los sujetos políticos sociales, surgidos en el marco de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><strong><em>Se da una suerte de erosión progresiva y acelerada de los dispositivos que aseguran el lazo social, asumiendo dimensiones críticas. Los síntomas de esta crisis son claros: el confinamiento en lo privado, la anomia, la exclusión, el desempleo masivo, la desafiliación y la declinación de los sujetos políticos sociales, surgidos en el marco de la modernidad.<br />
De Ipola</em></strong></p>
<p style="text-align: justify"><strong>I. Introducción:</strong> El  trabajo que presentamos, pretende reflexionar en torno a  la problemática de la cohesión social, por si un tema por demás convocante tanto para el mundo académico, como político y de las organizaciones sociales, por sus implicancias y alcances. La sociedad actual,  presenta un profundo deterioro en los lazos sociales y de solidaridad, también expuesta a  riesgos[1] globales, que para  Ulrich Beck remiten a las crisis ecológicas; al deterioro ambiental; a las asimetrías sociales y económicas de los países; a los  riesgos del sistema económico-financiero internacional y todo ello, en un contexto a su vez, de complejidad e incertidumbre crecientes que caracterizan al mundo en el que vivimos.</p>
<p>El trabajo se estructura en torno a los siguientes aspectos: una breve caracterización contextual  para distinguir los rasgos más sobresalientes del presente;  relación entre  cohesión e inclusión social, democracia y desarrollo; el aporte de la Educación Superior frente a los nuevos desafíos que plantea el contexto y finalmente las conclusiones de tono ensayístico.</p>
<p><strong>II. La sociedad en que vivimos</strong></p>
<p>La cuestión social, difundida ampliamente hacia fines del siglo XIX, remitía, a los desajustes de la sociedad industrial en pleno desarrollo, que como sostiene Castel, la respuesta  a la misma fue el impuso de un conjunto de dispositivos para promover la integración  de las masas que habían quedado marginadas de los circuitos productivos, que amenazaba fuertemente  el sistema de solidaridades, que se asentaba en la reproducción de un orden fundado en la tradición y la costumbre.</p>
<p>En el siglo XX, la solidaridad, se convertía en la asistencia voluntaria a la sociedad por ella misma y el Estado social sería su garante. El siglo XXI  muestra el quebranto de las regulaciones puestas en obra en el marco de la sociedad industrial y conviven como sostiene Garretón, en el presente,  dos modelos societarios[2] . El modelo industrial, y la sociedad post-industrial, globalizada, interconectada o  interrelacionada o como se la prefiera nombrar, presenta cambios, rupturas, continuidades y discontinuidades.</p>
<p>La sociedad industrial, con un Estado fuerte, se organiza en torno al trabajo, la política, la producción. Tiene un centro o polis, desde donde se toman decisiones. El Estado ocupa un lugar protagónico. Es un modelo societario, con fuerte presencia de instituciones (escuela, familia, sindicato, parlamento, partidos políticos). Estas instituciones generan fuertes lazos de identificación y pertenencia. La escuela, el liceo, la universidad &#8220;son lugares donde se desarrolla la personalidad, se reproduce la herencia cultural, se producen y reproducen los conocimientos, se prepara para la ciudadanía y el trabajo&#8221; (Garretón, 1999). El Estado, a través de sus instituciones aparece como distribuidor de solidaridades. El trabajo como mecanismo de integración, cohesión social y  generador de movilidad social ascendente.</p>
<p>La sociedad post-industrial, se desarrolla en torno a la comunicación y al consumo y está atravesada por dos fenómenos: el proceso de globalización con implicancias políticas, económicas, sociales y la constitución de nuevas identidades: &#8220;múltiples, algunas rígidas y permanentes, otras evanescentes y efímeras, pero todas ellas irreductibles a las identidades tradicionales (cualquiera sea la vigencia actual de estas últimas)&#8221; (De Ipola, 1998).</p>
<p>El principio de cambio, avance o transformación de este tipo societal ya no es el desarrollo concebido como crecimiento económico y distribución de sus beneficios, sino algo más complejo y multidimensional que lo incluye pero lo sobrepasa y lo redefine, y que puede enunciarse tentativamente como la calidad de la vida o la felicidad. Pero la calidad de la vida y la felicidad no tienen una definición objetiva en indicadores ni tampoco estructuras y actores claramente establecidos como en el caso del crecimiento económico, ni tampoco un solo locus, cual es la sociedad nacional, sino que combina conceptos universales (la globalización de los Derechos Humanos) con las propias percepciones y aspiraciones de los muy diversos grupos humanos. Ello implica de nuevo un desafío para los actores sociales pues no es posible que uno sólo exprese o encarne este principio como el movimiento obrero o empresarial o el Estado podían expresar el principio de desarrollo económico. Así, junto a la integración y la igualdad, aparece como principio básico en este tipo societal la cuestión de la diversidad cultural y de la interculturalidad en una misma sociedad-polis. (Garretón, 1997)</p>
<p>Las transformaciones, también remiten a plantearse de manera inédita la cuestión de enfrentar la vulnerabilidad después de las protecciones, en &#8220;una sociedad que se vuelve cada vez más una sociedad de individuos&#8221; (Castel, 1997). La participación en colectivos en el modelo industrial, aseguraba la identidad social de los individuos y lo que Castel denomina la &#8220;protección cercana&#8221;.</p>
<p>El individualismo moderno, desafía todas las formas colectivas de encuadramiento y el modo de articulación del individuo y colectivo, que sin sacralizar, conservó el &#8220;compromiso social&#8221; hasta principios de la década de 1970. Hoy asistimos al desarrollo  de nuevos procesos de individualización, con efectos contrastantes: por un lado el individualismo positivo (autonomía, libertad, calidad de vida, felicidad) por el otro, el desarrollo de un individualismo de masas socavado por la inseguridad y la falta de protecciones.</p>
<p>Se trata, siguiendo a  Robert Castel, de una paradoja, cuya profundidad hay que sondear, uno vive más cómodo en su propia individualidad, cuando ella  está apuntalada por recursos objetivos y protecciones colectivas.</p>
<p><strong>III. La cohesión e inclusión social, democracia y desarrollo</strong></p>
<p>No hay una acepción clara y unívoca de los conceptos de cohesión ni de exclusión-inclusión social. Esta característica polisémica ocurre con muchas de las conceptualizaciones  que buscan explicar una realidad cambiante que apenas acabamos de comprender, por lo que abundan ramificaciones conceptuales, divergencias en los discursos y falta de conocimientos empíricos. También en este caso hay posturas disciplinarias y políticas diferentes.</p>
<p>Hay una relación intrínseca entre la inclusión social y la provisión de mecanismos de integración y plena pertenencia a la sociedad. Asimismo, el concepto de cohesión social tiende a verse absorbido por otros conceptos de género próximos, como la equidad, la inclusión social y el bienestar y a su vez se tienen estrecha vinculación con los conceptos de ciudadanía y democracia.  Precisamente inclusión y pertenencia o igualdad y pertenencia son los ejes sobre los que ha girado la noción de cohesión social en sociedades ordenadas bajo los preceptos del Estado de Bienestar.</p>
<p>Existen múltiples aproximaciones conceptuales de la cohesión social que dependen de cada sociedad y que se distinguen según el rol de los actores implicados, según las áreas a intervenir, los grupos de intereses y del modo escogido para desarrollar dicha cohesión. Decimos que la cohesión social es fruto de las interrelaciones entre individuos libres e instituciones privadas y públicas en un marco de normas y leyes reconocidas como legítimas por toda la comunidad. Particularmente las leyes relativas a los derechos sociales y políticos se encuentran ampliamente legitimadas y existe consenso social sobre su pertinencia.</p>
<p>La cohesión social se vincula  a su vez al concepto de exclusión-inclusión social a partir de las relaciones sociales que se genera entre individuos, grupos e instituciones. Son las interacciones sociales las que provocan la (in)visibilidad de ciertos grupos en  relación a la sociedad a la pertenecen.</p>
<p>La cohesión social aparece como un concepto orientador para avanzar hacia sociedades inclusivas, en las que se respeten y hagan efectivo tanto los derechos políticos como los derechos sociales.  En ese sentido, la cohesión social es también fuerte elemento de potenciación de la democracia, pues busca canalizar y potenciar el pleno ejercicio de la ciudadanía como condición democrática de la unión de la sociedad y de la autonomía de los individuos.</p>
<p>Debe tenerse en cuenta que muchas exclusiones y discriminaciones tienen raíces histórico-culturales. Pero en el contexto de los cambios generados por los procesos de globalización, la emergencia de nuevos modelos productivos, de nuevas formas de organización del trabajo, de nuevos modelos familiares y de la relación entre géneros, se producen nuevas fragmentaciones y condiciones de exclusión social.</p>
<p>En este marco de fracturas de la cohesión social donde los procesos de exclusión social son dinámicos y cambiantes  y los riegos de las personas de ser partes de esos procesos no sólo afectan a quienes viven situaciones de pobrezas, las tradicionales respuestas de las políticas públicas sectorizadas homogéneas y centralizadas no son adecuadas a esta nueva realidad. Los mecanismos de protección social centralizados en la asistencialidad o las acciones paliativas son una respuesta  limitada e insuficiente.   Los mecanismos de inclusión social debieran encaminarse a una lógica de protección social sustentada en los Derechos Económicos, Sociales y Culturales que influyen de manera positiva y perdurable en la cohesión social. Con esta impronta de derecho, las políticas sociales contribuyen a que los temores e inseguridades de las personas se reduzcan al tiempo que se previenen las vulnerabilidades y las discriminaciones que causan la exclusión y se actúa sobre ellas.</p>
<p>Es por ello, que la cohesión social se sitúa en la base misma de la democracia y apela a la búsqueda de lógicas de acuerdos entre actores e instituciones, buscando, a través de ellos los derechos de dar una plena expresión a las capacidades individuales de las personas, grupos sociales y organizaciones con el fin de evitar que ocurran formas de marginalización  y de exclusión mediante la reducción de los riesgos y vulnerabilidades.</p>
<p>En sociedades inclusivas, el sistema de derechos humanos es el que le da sustancia a todo el proceso de democratización. Como afirma Bobbio (1991) esta época es el &#8220;tiempo de derechos&#8221;, pues se ha producido en los ciudadanos una cierta cultura o consciencia de los derechos que no ha cesado de legitimarse. Ello pese a que usualmente se produce una distancia entre la declaración de la existencia de esos derechos y su concreción y garantías a través de políticas publicas específicas.</p>
<p>La cohesión social está sostenida en los vínculos entre las personas y las estructuras sociales. Implica lazos y unión, cuyas formas son diversas, múltiples, lo que hace que en las sociedades existan diversas formas y posibilidades de cohesión.</p>
<p>Es por ello que la búsqueda de un concepto claro y coherente de cohesión social corresponde a la necesidad de una sociedad que busca definir su propio modelo de desarrollo.</p>
<p>En este sentido la cohesión social se afirma antes que nada como un concepto político, que se plantea como objetivo poner en perspectiva un proyecto de desarrollo, teniendo como base una sociedad moderna que quiere ser legítima y perdurable como sociedad.</p>
<p>Es aquí donde la cohesión social se relaciona con un modelo de desarrollo humano y sustentable en sociedades que reconocen en los derechos humanos y la democracia los ejes fundamentales de su organización.   En este modelo de desarrollo se reconocen como elementos básicos a la equidad en el acceso, la dignidad individual y colectiva, el pleno ejercicio de los derechos ciudadanos y la participación en la vida colectiva.</p>
<p><strong>IV. Aportes desde la Educación Superior</strong></p>
<p>Teniendo en cuenta el contexto, que a modo de grandes pinceladas hemos caracterizado, donde como rasgos indiciarios aparecen: crisis en los lazos sociales, producto de la fragmentación y exclusión social; cambios en los patrones de desarrollo, convivencia de dos modelos societarios, el riesgo y la incertidumbre como sentimiento epocal.  Y habiéndonos introducido en el concepto de la cohesión social y su relación con la democracia y un modelo de desarrollo,  nos preguntamos:</p>
<p>¿Qué aportes desde el mundo académico, pueden construirse, en el marco del compromiso social de la universidad con la sociedad?</p>
<p>La realidad, nos interpela en tanto poseedores de un saber sobre lo social, pero esta interpelación encuentra sustento en la idea de que somos sensibles frente a lo social, a su movimiento. Siendo concientes, a la vez de que trabajar en tormo a los problemas que atraviesan las sociedades contemporáneas, implica demarcarlas en relación a un campo de significados (como intereses, en torno a determinados fenómenos) que orientan nuestra mirada y a la vez pone en juego el compromiso que se asume frente a la urgencia de respuestas para problemas acuciantes. Captar las situaciones desde una concepción de totalidad, exige un esfuerzo que atraviese lo aparente y logre articular abstractamente aquello que le da existencia y especificidad.(Larry Andrade)</p>
<p>La universidad, a través de sus funciones sustantivas como son la docencia, investigación y extensión tiene el compromiso insoslayable, de generar conocimientos que, puedan a su vez aportar a intervenciones fundadas. Desde el aporte de las ciencias, contemplando aspectos tanto epistemológicos, como éticos, en un contexto de profundas transformaciones, que requieren , como sostiene Andrade, de &#8220;forzar la mirada&#8221;&#8230; los fenómenos se dejan leer desde determinados ángulos, captarlos desde una concepción de totalidad, que exige un esfuerzo que trascienda lo aparente y logre articular abstractamente lo que le da existencia y especificidad&#8221;.</p>
<p>Desde esta perspectiva y a partir de su profunda  concepción democrática, autónoma, crítica y creativa, las Instituciones de Educación Superior deberán asumir el  compromiso para con la sociedad al promover la más amplia democratización del saber y del conocimiento en diálogo permanente con la sociedad, no sólo brindando su desarrollo académico, científico y tecnológico sino también interactuando con los diferentes actores sociales con el convencimiento -demostrado ya ampliamente- que la propia Institución se ve fortalecida en esta relación ya que le permite pensar y repensar las propias políticas académicas en sus propuestas de carreras de grado y postgrado, líneas de investigación y de extensión universitaria.</p>
<p>Sin lugar a dudas, la Educación Superior está en condiciones de realizar aportes significativos en términos de cohesión e inclusión social. No solo llevando adelante sus funciones sustantivas de docencia, extensión e investigación, con la calidad y la pertinencia que las caracterizan, sino que además articulando esfuerzos con el Estado y las organizaciones de la sociedad civil en el diseño, desarrollo y evaluación de políticas públicas que promuevan el desarrollo sustentable, el pleno ejercicio de los derechos humanos; el emponderamiento de la sociedad; la construcción permanente de ciudadanía; el fortalecimiento de los sistemas productivos; el impulso al desarrollo tecnológico y de los procesos de innovación y en especial, la profundización de los procesos de cohesión e inclusión social, sobre todo en aquellos sectores con mayor vulnerabiliadad social.</p>
<p><strong>V.  A modo de reflexión</strong></p>
<p>Como sostiene Pierre Rosanvallon, son los  principios básicos, organizadores de la solidaridad, los que se encuentran  interpelados. Es significativa la fragilidad del sistema de protecciones: crecimiento de los riesgos sociales, crisis del mundo asalariado, vaciamiento de espacios que otorgaban significación a las prácticas desplegadas por los actores sociales, como el Estado, el trabajo, los partidos políticos, los sindicatos.</p>
<p>Para Cornelius Castoriadis, las crisis del presente, no remiten a una crisis de valores, sino a una crisis del proceso identificatorio, ya que,  la creación de un sí mismo individual-social, pasaba por lugares que fueron mutando y no existe ninguna totalidad de significaciones imaginarias o no emerge ninguna, que pueda hacerse cargo de esta crisis de los apuntalamientos particulares. No existe una representación de la sociedad como morada de sentido y valor e inserta en una historia pasada y futura.</p>
<p>Se requiere de un esfuerzo intelectual aplicado al análisis de la realidad en su complejidad y una voluntad política de dominarla, imponiendo la claúsula de salvaguarda de la sociedad, que es el  mantenimiento de la cohesión social.</p>
<p>El poder público es la única instancia capaz de construir puentes entre los dos individualismos a los que hiciéramos referencia con capacidad de impulsar y sostener procesos de cohesión e inclusión social.  Las antiguas formas de solidaridad, están demasiado agotadas como para reconstruir bases consistentes de resistencia.</p>
<p>Se requiere de un Estado estratega que redespliegue sus intervenciones para acompañar este proceso de individualización, desactivar los puntos de tensión, evitar las fracturas y &#8220;repatriar&#8221; a quienes han caído debajo de la línea de flotación. Incluso un Estado protector, pues en una sociedad hiperdiversificada y corroída por el individualismo negativo, no hay cohesión social, sin protección social.[3]</p>
<p>Y es en este sentido. que las Instituciones de Educación Superior renuevan sus esfuerzos institucionales y académicos, tomando como referencia lo expresado en la Conferencia de la Educación Superior para América Latina y el Caribe (Cartagena de Indias, 2008) y en la Conferencia Mundial de Educación Superior (Paris, 2009), en contribuir de manera efectiva a superar todo tipo de exclusión,  marginalidad y  pobreza, con la firme convicción que sólo es posible alcanzar un desarrollo humano y sustentable si se logra construir una sociedad inclusiva y con plena cohesión social.</p>
<p><em>Bibliografía</em></p>
<p>Andrade, Larry (2006) (compilador) &#8220;Lo social: inquieto (e inquietante) objeto&#8221;. Editorial Miño y Dávila. Buenos Aires- Argentina</p>
<p>Beck, Ulrich (2008) &#8220;La sociedad del riesgo mundial&#8221;. Editorial Paidós- Buenos Aires.</p>
<p>Carballeda, Alfredo (2005)&#8221; La intervención en lo social&#8221;. Espacio- Buenos Aires</p>
<p>Castel , Robert (1997) La metamorfosis de la cuestión social- 4ta. Reimpresión, 2006. Paidós-Estado  Sociedad- Buenos Aires</p>
<p>De Ipola, Emilio (compilador) (1998) &#8220;La crisis del lazo social&#8221;. Eudeba- Buenos Aires- Argentina</p>
<p>Garretón, Manuel (1998) &#8220;La Sociedad en que vivi(re)mos&#8221; Revista Estudios Sociales N° 14. Editorial Universidad nacional del litoral- Santa Fe-Argentina</p>
<p>Rosanvallon, Pierre (1995) &#8220;La nueva cuestión social&#8221; Edit. Manantiales- Buenos Aires- Argentina</p>
<p>[1] Los riesgos  para Beck, significan, &#8220;acontecimientos futuros que es posible que se presenten, que nos amenazan&#8230; invaden nuestra mente y guían nuestros actos, resulta una fuerza política transformadora&#8221;. La materialización del riesgo produce una catástrofe, que está definida temporal y espacialmente.</p>
<p>[2] Manuel Garretón caracteriza los modelos societales, a partir de los tipos ideales, en términos weberianos</p>
<p>[3] Robert Castel &#8220;La metamorfosis de la cuestión social&#8221;(pag. 478)</p>

<p><span></span></p>]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://inclusion.universiablogs.net/2009/11/17/la-cohesion-social-continuidades-y-rupturas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>9</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

